Un terrón de azúcar se desvanece en un café con leche que se está tomando una mujer con labios rojos y lágrimas corriendo por su rostro a pesar de que quisiera encerrarlas con las gafas oscuras que lleva puestas para protegerse también del sol que penetra en el patio interior de esa cafetería atravesando las ropas que han tendido varias personas que viven en esos bloques esta mañana nada más levantarse para que no goteasen. Pero sí, gotean.
Esas personas se desquician, tiñen la ropa y deciden volver a la cama para seguir durmiendo. El sol se recoge de las ropas que acartonan su destello. La mujer se bebe sus lágrimas, se deshilvana los labios y descubre sus ojos. El café con leche se convierte en bourbon. El terrón de azúcar levita y huye de la escena del crimen. Yo le persigo y me lo meto en la boca. No te escapes. Eres mi pequeño placer. Él me responde que no es de nadie, que puede ser lo que quiera y que quiere ser una nube. Entonces le crecen alas y se escapa de entre mis dientes. Se vuelve a juntar y asciende, asciende, hasta que le pierdo de vista...
Agacho la cabeza y me quedo mirando al suelo y a mis pies cubiertos de fango. Cuanto más imagino lo que quiero hacer, menos hago y más imagino.
so, baby, lets push our limits......................................
.........................................................................tonight.
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