jueves, 1 de mayo de 2014

Contaminación sonora


Me desperté desorientada en una habitación que no era la mía. Después me acordé que había ido a visitar a una amiga y que tan sólo estaba en el hostal. ¿Cómo había llegado allí? De eso no me acuerdo. Recuerdo sobre todo el sonido, el infernal sonido de los tambores. ¿Qué maldita hora era? Me levanté para asomarme a la ventana y descubrí al corrillo que se cernía bajo mi cabeza. No sé por qué lo hice, pero el hecho es que me puse a silbar. Inmediatamente, una multitud de miradas trataban de perforarme los ojos, encadenados como aún estaban por las legañas, mientras que otra multitud de bocas me chistaba. Después, empezó el rompimiento de hora y duró más o menos quince minutos. Contemplé todo el acto aburrida, pero desenredándome de la resaca. Cuando terminaron grité “¡Perro ladrador, poco mordedor!”. Después, cerré la ventana.  


Tema: Semana Santa

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