Descuida, no volveré a tomarte. Me emborrachas con demasiada facilidad. O al menos, no con el estómago vacío. Pero tampoco lo haré mientras estés acompañado. No soy caprichosa. Tú eres exquisito.
Estrechó sus labios con el cristal de la copa y quiso sumergir sus ojos en la tinta. ¿Me ves? Le preguntó. ¿Sientes mis escalofríos?
Ella fantaseó con juguetear con su sabor, su textura, su aroma y su cuerpo, pero, como el vino, ya era añejo.
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