«No me pregunten quién soy, ni me pidan que sea el mismo». Michel Foucoult
El beso
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sábado, 21 de junio de 2014
Ostentanciones
Quiero una escalera que no proyecte su sombra
para recordar lo que no está escrito.
Quiero tabaco que no robe lágrimas.
Quiero cafés que no se enfríen
y tomarlos mil y una veces contigo
y una sola vez con mil hombres.
Quiero unas gafas de sol
que lleven el sol en los cristales.
Quiero absorber en una pajita el mundo
y atragantarme.
Por-que
la osadía no lleva a ninguna parte,
pe-ro
la audacia derriba puertas.
Quiero una escalera que no proyecte su sombra
para recordar lo que no está escrito.
Y subir para bajar el cielo,
en picado y a la izquierda.
Porque Atlas está cansado
y yo también
de las ambiciones humanas altivas.
Que si fuesen golondrinas
estarían en otro poema.
jueves, 19 de junio de 2014
Mutación
Veo atardecer desde mi ventana. El cielo mantiene todavía su color azul, pero desde hace un par de días también se tiñe de morado. Yo le digo a mi padre, cuando estamos en la cocina, que se acerque a verlo. Mira, papá. Otra vez el cielo está rosa. Y él lo mira contemplativo, pero indiferente. A mi me da igual su expresión. Se lo volveré a decir todas las noches que estemos juntos cenando en la cocina. Y todas esas veces le insistiré para que se asome a verlo. Porque da igual que el cielo esté azul, morado y rosa, pero mi padre no me da igual y él no está bien.
Hace algún tiempo sufrí mucho. A veces se me hace lejano y otras cercano, pero la constatación existe. Fue así una vez. Sufrí por alguien en concreto y nadie me causó daño. Sufrí por algo en concreto y nada en especial. Puede que fuera sobre todo y sobre nada. Puede que sea mi herencia genética o puede que fuese, simplemente, la vida. Que ocurre. Que si vivimos nos rompemos porque es nuestro precio por nacer.
Y durante todo ese tiempo deconstruido en el que estuve sumergida, que no inundada, porque decidí tomar el timón de mis actos, hubo placer y decepción y cariño y recuerdos y magia, de adivinación. De esa que no predice, pero con la que se juega sobre qué podría ser. Sobre cómo una podría ser feliz o qué le impide ser feliz.
Fui alguien en algún momento, pero que ahora no recuerdo, aunque por ello no deje de ser. Átomos en esencia; neutrones orbitando alrededor de un núcleo. Pero ocurre que las distancias mutan. Y eso se ve en un microscopio o en un depósito de gasolina después de haber quemado 180 kilómetros de un día a otro. Que las carreteras son unas y la fatiga de las personas es otra.
Nancy Sinatra
Ahora soy una bala.
Las balas tienen un objetivo, certero o no, de dirigirse hacia algo. Tienen una trayectoria, aunque la mía no es fija y siempre rebota en los cristales de las botellas del otro lado del bar. Sobre todo en los vinos, a los que últimamente he cogido mucha fijación. Reboto en ellos como saltando las líneas de un pentagrama, haciendo música, y canto y bailo y me balanceo porque no soy mortífera. Todavía.
Pero lo puedo ser. Pese a todo. Soy una bala apátrida. Que no tiene ni dios, ni amo, y que no la sujeta nada más que ella misma y la plata con la que está hecha para perforar los corazones de los lobos que se esconden en los bosques, de los cobardes, de los que se ocultan en las sombras. Los otros lobos, los que emergen de la oscuridad, me engullen pese a mi coraza. Y, pese a que sea doloroso, disfruto también. Porque se trata de morir un poco para sentir que se está viva.
Entonces dejo de ser una bala, para ser carroña, para ser también loba. Porque aquella que tuvo los ojos abiertos una vez, no podrá volver a cerrarlos. Y aquella que aprendió a aullar, tampoco podrá volver a ser esa niña a la que abrigaron con una caperuza roja.
Y aún con todo me dirán exitencialista. Y yo diré; me corro con el existencialismo.
Es cierto eso de que la letra con sangre entra, pero me temo que este no es el lugar ni el momento más apropiado para ello. Porque la verdad no hace ruido.
The White Stripes - Truth doesn´t make a noise
domingo, 15 de junio de 2014
Simone de Beauvoir
La abrazó fuertemente, tibio, liso, elástico y duro: un cuerpo. Estaba allí, contenido por entero en ese cuerpo de hombre que ella apretaba entre los brazos. Todo el día se le había escapado: refugiado en su pasado, metido en sus pensamientos, dividido entre su madre y Denise, desparramado sobre el mundo entero, y ahora estaba allí contra su carne, bajo su rostro, bajo su boca, en el fondo del instante inmóvil: tan sólo uno cuerpo ciego iluminado apenas por el crepitar de millones de chispas. No me traiciones. No te vayas lejos con este cuerpo que mi cuerpo llama. No me dejes sola frente a la noche ardiente. Gimió. Estás aquí. Tan seguro, como que estoy aquí. Para mi, no por ti, esta carne que tiembla; tu carne. Estás aquí. Me deseas, me exiges. Y yo también estoy aquí, una llameante plenitud contra la cual el tiempo se quiebra. Este minuto es real para siempre, tan real como la muerte y la eternidad.
"La sangre de los otros", 1945
sábado, 7 de junio de 2014
Declaración
Cuando me tocas, me
siento mujer. Sin ti no tengo ni la forma, ni el aspecto, ni el olor,
pero cuando me tocas me siento realmente una mujer.
Tú me mueves con un
simple balanceo y yo me dejo llevar. Para no interrumpirte, para no
destrozar tu perfecto cálculo, cada de una de tus respiraciones.
Yo te siento. Yo te
siento encima de mí,
abrazándome, ni muy suave ni muy fuerte, la manera precisa que yo
esté bien agarrada y me puedas manejar.
Tú me haces sonar.
Porque es imposible que sin ti yo lo haga. Un sonido tan potente y
ceremonioso que todo lo demás parece disolverse para impedir que su
pureza se pierda.
Yo cambio. Yo cambio
cuando tú lo haces, cuando tú me mueves, cuando tú me tocas y
cambias, yo también cambio. Lo hago contigo. Lo hago necesariamente
contigo. Porque sin ti no lo haría.
Yo no soy más que
un trozo de madera que no tiene forma, ni aspecto, ni olor de mujer,
pero cuando tú me tienes es distinto. Yo me comporto como si lo
fuera, la mujer de tu vida, la que te hace soñar con grandes
ambiciones. Porque sé que eres ambicioso y me encanta.
Yo me comporto como
la mujer que te permite ser el hombre más feliz del mundo. Cuando me
tocas, yo noto como tú te vuelcas en mí, que yo soy tu todo y tú
lo eres todo para mí.
Cuando no lo haces,
me duele. No es que te quiera solamente para mi, no es eso. No podría
hacerte eso. Simplemente, porque no podría estar sin ti. Me
entristezco porque parece que no quieres que te conozcan, que no
quieres que las personas que te rodean te vean como te veo yo, como
te veo cuando estamos juntos.
Porque juntos
conseguimos elevarnos. Juntos conseguimos que este mundo espléndido
y culpable no exista. Sólo somos tú y yo, y nuestro sonido.
Cuando estamos allá arriba, cuando estamos en el escenario y la
gente nos mira, no pensamos ni en gustarles ni en sentirnos mejor que
ellos. Pensamos en los dos. Así somos.
Lo más extraño es
que en ese momento, cuando nos fundimos madera y corazón, sonido y
sentimiento, noto como una persona del público, una mujer que nos
está viendo, tiene celos de mí. Le gustaría que fuese ella quien
estuviese en tus brazos. Le gustaría que fuese ella quien se dejara
llevar por ti y disfrutar de tus manos, de tu cuerpo, de tu
respiración.
Yo siempre fui un
trozo de madera y ella una mujer. Y a mí me gustaría poder ser ella
y ella ser madera para ti. Somos las protagonistas de esta paradoja,
otra más entre tantas.
Aunque aún es más
paradójico, que a pesar de que pretendas cambiarme, te siga
queriendo. Porque soy consciente de que mi vida solo tiene sentido si
estoy contigo. Porque en el momento que me abandones, volveré a ser
un simple violonchelo. Yo ya no seré más tú mujer, ni el sueño de
tus ambiciones, ni tu felicidad. Seré un recuerdo que sobrepasará
las cuerdas rotas, el polvo y la muerte. Pero de algún modo, aunque
no me toques, no me muevas, no me hagas sonar; permaneceré viviendo
en tu memoria. Eso lo sé.
Pero, ¿y aquella
mujer? La mujer que nos miraba cuando eramos uno y demostrábamos con
arco en la mano lo que eramos capaces, ¿qué pasará con ella?
¿Tendrá celos de la próxima madera que venga? ¿La olvidarás? ¿Te
olvidará? Creo que ella también
necesita que la abraces.
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