En realidad quiero abrir una nueva entrada después de prácticamente un año para hacer lo que digo que digo de hacer siempre, que es comprometerme a no abandonarme a escribir. Pero, he allí, la diferencia, que es el hecho de que, más que nunca, sé el poder que tienen mis palabras; más que nunca sé cómo me encadenan. Sé el puto daño que me hacen. Sé que me llevan persiguiendo durante demasiado tiempo, y digo demasiado porque he estado pretendiendo mirar a otro lado cuando es inútil y muy arrogante querer huir de tu sombra. Pero no es más que eso: sombras. Y si las hay es porque hay luz, y brilla con una intensidad desbordante. Como los chorros de una cascada, golpeándose contra las piedras que acunan la rigidez de sus paredes.