"No miremos, pues, nunca atrás, miremos siempre hacia adelante, porque adelante está nuestro sol y nuestra salvación; y si es permitido, si es útil y necesario volver nuestra vista al estudio de nuestro pasado, no es más que para comprobar lo que hemos sido y lo que no debemos ser más, lo que hemos creído y pensado, y lo que no debemos creer ni pensar más, lo que hemos hecho y lo que no debemos volver a hacer."
Dios y el Estado, Mijail Bakunin
y leyendo en voz alta esa cita
se aferraba
con la boca entreabierta,
mitad sonrisa,
mitad lengua libidinosa,
queriendo mentirse
donde nace la locura.
Hoy me he dedicado a recordar y leer viejos relatos que tenía escritos. No lo había hecho antes porque estaban almacenados en un disco externo y hasta estas vacaciones, no había tenido posibilidad de encontrarlo.
Sea como sea, lo he hecho, y mis sensaciones han sido muchas y muy variadas. Otras se han transformado, de hecho, y han mutado y creado otras historias. Otras, suscitadas por algunas palabras con las que ya no empatizo, al menos no demasiado, han sido condenadas al ostracismo. Qué vamos a hacer. Algo así ha ocurrido con todos mis blogs. Suele pasar. Pero bueno, también podría haberlas eliminado y aún siguen almacenadas. Quiero decir, que tampoco me arrepiento de haberlo hecho, tan sólo que, me son ya ajenas.
Creo que es bueno. Lo pienso, no lo negaré. Ni tampoco que he cambiado. Ni a mal, ni a bien. Tan sólo lo he hecho. Por cierto, es una de las frases a las que tengo más cariño de Mad men. Una serie que siempre definiré para recomendarla de silencios y de miradas. Quizás parezca aburrida, por eso mismo, pero a mi personalmente, exactamente eso, es lo que me ha ofrecido -como ninguna otra con esas características- y lo que me atrapó de ella.
Pero cambio. Cambio. Cambiamos todas. Y el cambio no es malo, ni bueno. Simplemente es.
Hace unos días tuve una conversación con mi madre y mi hermana sobre la comunicación, la comunicación en sí, entendida y malinterpretada, que desarrollamos para otras personas, para el exterior. El tema en sí podría resultar aburrido, pero cuando pensaba en ello se me generó una preocupación, me constató una preocupación, mejor dicho, que a su vez se estaba haciendo más y más intensa en mi cabeza, una resaca de palabras, por así decirlo, que, sin que parezca que reclamo originalidad; habrá debido de tener cualquier persona, alterego, personaje, carácter o personalidad.
¿Cómo pensar? ¿Cómo pensamos para nosotros y nosotras mismas? ¿Cómo se organizan las frases? ¿Sentimos, interiorizamos emociones o estructuras coherentes, de aquellas que seríamos capaces de analizar sintácticamente?
Por supuesto, es una pregunta lanzada al vacío, porque no sé si será leída alguna vez o alguien quiera devolvérmela, pero, precisamente por el encabezamiento, quería dejarla impresa. Si alguna persona leyera esto y quisiera darme su opinión, la aceptaría gustosamente, pero soy consciente de que este blog, que ya he abandonado durante bastante tiempo, sigue siendo una parte bastante personal e íntima de mi vida. Así que, digamos, que es un pequeño placer que me concedo. Y por qué no, quizás me anime a continuar extrayendo estos pensamientos confusos, que espero que con el tiempo se vuelvan... más nítidos.
Escuchaba The Stranglers cuando he abierto el nuevo documento.