martes, 27 de noviembre de 2012

A raíz de media tarde

Hoy he tenido una conversación que tenía pendiente, desde hacia algún tiempo, con una persona que ha influido en mi vida de una u otra manera. Y aunque no tuviese nada que decirle, en el fondo, estaría mintiendo. De hecho, ha sido el tipo de conversación que ha logrado sacarme de este insomnio que me impedía volver al blog, ya porque me había vuelto a cansar o porque, de nuevo, creía que era algo que no era para mi. Desde luego, pensar algo así, independientemente de que se trate de un blog, una carta, o un artículo de opinión que quieras enviarle al periódico de tu pueblo, es una ridiculez. Es un pensamiento tóxico, nocivo, destructivo y mortal. 
¿Quién no puede tener un blog? ¡Cualquier persona puede tener un maldito blog! De hecho, y aunque hay personas que no deberían tenerlo por el mero hecho de que son fascistas y se acogen a los artículos de la libertad de expresión, cualquier jodida persona que necesite contar sus problemas puede tener un blog. Pero también, por supuesto, para contar sus aficiones e inquietudes, para que lo escuchen o no, para pasar el rato o para hacer de ello su oficio. Lo que es seguro es que un blog es la respuesta a todas nuestras preguntas. ¿Para qué voy reivindicar un entorno laboral estable y seguro, un salario digno, una educación pública y laica, una sanidad pública, unos servicios sociales más solidarios o la revolución feminista; cuando puedo quejarme de esto y muchas otras cosas en mi blog? 

Ahora en serio. Hoy he tenido una conversación que tenía pendiente, cierto es, porque me ha reencontrado nuevamente con este sentimiento que estaba acercando un poco más a la escena y alejando un poco más de mi cotidianeidad que es el impulso. Me refiero a ese impulso con el que puedes salir a improvisar en un momento determinado, esa fuerza que impide que te abandones o te eches para atrás y te obliga a continuar la escena sin miedo a romper, negar o equivocarte. Pero a la vez, es un sentimiento tan potente que, por otra parte, comenzaba a creer que me coaccionaba interiormente, creyendo que no era capaz de actuar, de desenvolverme, tal y como me lo proponía en la escena. 

Nuestra vida es nuestra vida, pero actuar es otra cosa. Ahora bien, yo soy como soy actuando, cantando, bailando, follando, comiendo, caminando y estando, sin más. Por supuesto que las emociones que experimento son creadas e imaginadas, pero soy yo las que las está amoldando y dando forma cual escultora. ¡Pues sí! Así de genial. ¿Y por qué? Porque bueno, ya está bien de decir que no se puede, de creer que está mal y de no terminar haciendo nada. Si no nos decimos a nosotros y nosotras mismas lo buenas que somos, nadie nos lo podrá decir. Lo que se trata es de intentar hacer las cosas, de animarnos. Seguramente, no llegaremos a ser famosos, ricos o importantes, tal y como se supone que desearíamos ser. Tal vez, no lleguemos a ser los más buenos en esto o aquello. Tal vez, de hecho, puede que seamos pésimos. Pero bueno, sabiendo que de 9 de cada 10 veces que intentemos algo lo haremos mal, ¡continuemos intentándolo! 

Por tanto, ya está bien de escribir entradas en este blog y guardarlas en el borrador, porque de nada me van a servir allí metidas. Es patético. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario